Busco un libro que me salve la vida, aunque no figure entre los diez mejores del año

Desesperado, entro en la Fnac a la caza de un libro que me salve la vida. Arrastro la desesperación desde la Casa del Libro y sigo con ella hasta La Central, la nueva tienda de los alrededores de Callao. Un libro que me salve la vida, pero del que no me haya hablado nadie todavía, que no haya salido en los periódicos, que no se encuentre entre los diez mejores del año, quizá que ni siquiera se haya publicado, aunque misteriosamente esté ahí, para mí, y nos reconozcamos al instante. Con la desesperación intacta, abandono la zona y bajo al metro donde una pareja de adolescentes, junto a la máquina expendedora de billetes, se salvan la vida el uno al otro a cuchilladas, si sus lenguas fueran dos cuchillos.
 


 Eso es salvarse la vida con desesperación, me digo, mientras la máquina me da un sablazo. Ya en el tren, una mujer ecuatoriana observa con desasosiego la pantalla del móvil a la espera de una llamada, de un mensaje, de un whatsApp que le salve la vida. Y estos que ahora entran a tocar la guitarra están pidiéndonos en realidad que les salvemos la vida. Arriba la gente hace cola frente a los establecimientos de Apuestas y Loterías del Estado para adquirir un décimo, otro, ahora el del Niño, que les salve la vida. Sálvame la vida, suplican a la lotera, pobre, que despacha la suerte ella misma con el agua al cuello, sin atreverse a gritar socorro por si el socorro estuviera contemplado en la Reforma Laboral como causa objetiva de despido. Hasta los maniquíes de los escaparates, asmáticos perdidos, te piden con desesperación que les salves la vida. Me salve usted la vida, por favor, gritan disimulando el ventolín. Llevamos aquí desde las siete, dice alguien, sin especificar si de la mañana o de la noche, desde la siete, insiste, y no me salva nadie de esta jodida ciudad de un millón de muertos, que decía el poeta.


(Juan José Millás)

5 comentarios:

The Gossip Eye dijo...

Wow! Qué chulada de texto.
Cada uno tenemos nuestra manera particular de pedir que alguien/algo nos salve la vida.
Y a veces sin ni siquiera saber que lo estamos pidiendo.

Una entrada muy chula :D

muaaak.

sindrome coleccionista dijo...

:)

Anónimo dijo...

ayer hubiera pagado porque alguien me salvara la vida.... muy buen texto :D

Caro Orozco dijo...

Señorita Coleccionista, en su momento este libro me salvo la vida, la vida literal, la del abismo, arrullo mi insomnio, me capturo la rareza y simpleza de su lírica pero mas aun la riqueza en su contenido ... lo que los ojos no ven...

Espero no lo haya leído y lo disfrute.


http://www.lacomunitatinconfessable.cat/wp-content/uploads/2009/04/duras-mal-de-la-muerte.pdf

Feliz Tarde!

Síndrome Coleccionista dijo...

Pues no lo he leído, asi que te agradezco el enlace! Ya te diré que me pareció. Quizás me prolongue la vida un poco más;)


Besos,
Maria.

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